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Mi Europa

Czeslaw Milosz

“Los años siguientes, décadas, fueron adquiriendo para mí, cuando por la calle, una visión atenta y tensa de una inutilidad absoluta, y cualquier cosa que hubiese experimentado hasta ese momento se iba estratificando después de un breve período de alivio o de defensa propia, se hacía más espeso e incluso estaría dispuesto a firmar, lo confieso sinceramente, que precisamente en este trozo de Europa pesa una maldición que no tenía ninguna solución. Y tal vez si hubiese tenido la manera, habría hecho saltar por los aires este país para que las madres ya no tuviera que llorar a sus hijos y a sus hijas adolescentes ya muertos en las barricadas, para que la hierba no crecieran las cenizas de Trblinka, de Majdanek, de Auschwitz, para que en aquellas dunas terribles, pisoteadas de los suburbios no se expandiera el sonido de una armónica debajo de un pino. Porque está el género de la compasión que no podemos cargar, y entonces se hace estallar por los aires el objeto de la misma, al menos de manera subjetiva, es decir que nos domina tan sólo un deseo: no mirar.”